jueves, enero 14, 2010





"Dormimos bajo la estrellas esta noche. Puerto Príncipe está muy tranquilo. El sufrimiento no se escucha alto. La gente empieza a despertarse. Escucho voces de personas en la distancia. Algunas son gemidos, otras son llantos. Los cánticos y los rezos han comenzado. Sin casa, sin trabajo, muerte. Ningún lugar al que volver. Gente atrapada en los escombros. Mi sueño fue tranquilo. Ahora que estoy despierto la realidad vuelve".
Estas palabras del músico Richard Morse, 'twitteadas' desde las calles de Haití y recogidas por The Guardian, reflejan la ansiedad que vive la población de Puerto Príncipe a la espera de que se organice la ayuda internacional mientras los gritos desesperados de las víctimas aún vivas les impiden conciliar el sueño.
La ayuda humanitaria llega a cuentagotas. Apenas unos pocos aviones han podido aterrizar en el aeropuerto de Puerto Príncipe, donde la avería de la torre de control hace que tengan que aterrizar a ojo. Se espera que puedan hacer reparaciones a lo largo de la mañana para que pueda llegar de forma más fluida.
Los primeros sonidos de aviones se escuchan en el aeropuerto. Por ejemplo, un avión de Air China con médicos, expertos sismólogos, equipos de rescate y diez toneladas de comida y medicinas. Le han seguido tres aviones franceses que llevan un hospital móvil a bordo, así como un avión de Médicos Sin Fronteras con 25 toneladas de ayuda.
Debido a que se espera que a partir de ahora comience una gran afluencia de vuelos de ayuda a Puerto Príncipe -hasta ahora la asistencia llega desde la vecina República Dominicana-, Byrs ha señalado que la MINUSTAH, la fuerza de estabilización de la ONU, ha instalado un centro logístico cercano al aeropuerto para coordinar las labores.
Byrs ha recordado que la situación general tras el terremoto es "extremadamente grave" y que la prioridad es tratar de salvar vidas y sacar a la gente que está bajo los escombros.

Clinton habla de "decenas de muertos"

La situación es terrible, diversos cadáveres continúan bajo los escombros con el consiguiente riesgo de epidemias. Las infraestructuras están devastadas. Las comunicaciones eléctricas siguen interrumpidas, no hay servicios básicos. En definitiva, el panorama es desolador, según cuenta el corresponsal de RNE en Latinoamérica, Fran Sevilla, que ha conseguido entrar en el país.
  • La ayuda llega a cuentagotas a Haití

Se ha comenzado a enterrar a los muertos pero resulta imposible contar su número. La prioridad absoluta ahora son los vivos que se enfrentan a una situación terrible. Decenas de miles de haitianos dependen de esa ayuda humanitaria que llega muy lentamente para poder sobrevivir.
Para ayudar a ello, la ONU trata de trasladar desde República Dominicana maquinaria pesada, que se sumará a los equipos de rescate que ya trabajan en la ciudad.
Precisamente, la última puerta de entrada y salida es la frontera terrestre con República Dominicana, el gobierno dominicano ha cerrado la frontera y ha asegurado que no permitirá una entrada indiscriminada de haitianos pero la desesperación les puede llevar a intentarlo.
Mientras tanto, desde Washington la secretaria de Estado de EE.UU., Hillary Clinton -que ha abandonado su gira asiática para coordinar la ayuda- ha advertido que la tragedia afectará a tres millones de personas y ha causado la caída de decenas de miles de edificios aunque, según sus datos, por ahora, solo habla de "decenas de miles de muertos", en la línea del presidente de Haití, René Preval.
"Esto va a ser un esfuerzo a largo plazo. Tenemos la crisis inmediata de tratar de salvar las vidas que pueden ser salvadas, ayudar a los heridos...Proporcionar comida, agua, equipamiento médico y algo parecido a un techo", ha añadido  en una entrevista en la NBC....


Gente muriendo

Sin embargo, tendrán que pasar horas hasta que esta y otra ayuda esté plenamente disponible. Mientras tanto, como dice el periodista de la CNN Anderson Cooper, "la gente está muriendo bajo nuestros pies".
"Apenas hay maquinaria pesada para escabar bajo los escombros. La gente está cavando con las manos", dice uno de sus compañeros, Sanjay Gupta.
"Por favor, sáqueme, me estoy muriendo. Tengo a dos niños conmigo", le ha gritado una periodista desde los escombros de una guardería a un periodista de la BBC.
A medida que los medios de comunicación internacionales llegan a la zona cero del desastre provocado por el devastador terremoto del pasado martes, la magnitud de las tareas de rescate que se tendrán que emprender cuando salga el sol sólo es comparable a su urgencia.
Los flancos abiertos son tantos que es difícil trazar prioridades. La primera, sin embargo, es rescatar a las personas que siguen con vida por debajo de los cientos de edificios que se desplomaron tras el seísmo.

Los heridos siguen vagando

La segunda prioridad es organizar la ayuda médica a los heridos que siguen vagando por las calles. En un hospital de campaña improvisado en el aparcamiento de un hotel, haitianos con cortes y huesos rotos se retuercen de dolor entre sábanas ensangrentadas.
"No puedo más, la espalda me duele mucho", asgura Alex Georges, de 28 años, que sigue esperando un tratamiento un día después de que la escuela en la que estaba se cayera y matase a once alumnas. Un cuerpo sin vida está unos metros más allá.
"Esto es peor que un huracán. No hay agua, no hay nada. La gente sedienta va a morir", dice el enfermeno Jimitre Coquillon al periodista de la BBC.
"Está claro que muchos de los que han ido al hospital de La Paz en Puerto Príncipe con heridas han muerto. Un hombre con lágrimas en sus ojos señala a su hija pequeña acostada en el suelo. Tiene dos piernas rotas un gran corte profundo en la cabeza. Su hermana ya ha muerto", detalla el periodista británico.
"Este es un lugar particulamente sombrío. La fetidez es insoportable. Hay más de cien cuerpos aquí, adultos y, a mis pies, un bebé. Quizá lo más desagradable es que hay personas pasando la noche en el suelo...durmiendo entre los muertos", añade.
Y es que han pasado ya 38 horas desde que un terremoto redujese a escombros Puerto Príncipe, y las  imágenes y los relatos de los primeros periodistas internacionales llegados a la capital de Haití dibujan un panorama dantesco.
Los cadáveres están apilados en las calles, los supervivientes retiran escombros con sus propias manos para tratar de rescatar a los sepultados, los heridos no encuentran hospitales para ser atendidos y la población trata de improvisar refugios donde aguardar la llegada de ayuda humanitaria.
Sin embargo, los escombros y las carreteras cortadas retrasan su llegada mientras el tiempo se acaba. "Para salvar vidas, la cirugía debería estar disponible dentro de las primeras 48 horas", dice el director de Médicos Sin Fronteras, Olivier Bernard.
Para llegar a esa línea roja quedan menos de doce horas. Y el tiempo sigue corriendo.

ALBERTO FERNÁNDEZ / FRAN SEVILLA (Corresponsal de RNE)

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