domingo, diciembre 13, 2009

Programa busca aprovechar a experimentados jornaleros que emigraron hacia Chile para colonizar frontera con Brasil.

MAURICIO SILVA

ARICA.- Marcelo Poma (55) nació en La Paz y sus padres eran campesinos. Buscando mejores oportunidades, a los 13 años dejó el inhóspito altiplano boliviano para emplearse como obrero agrícola en Chile. Aunque hoy sus tres hijos son chilenos y profesionales, es uno de los 50 jefes de hogar bolivianos que están gestionando su retorno a Bolivia, acogiéndose a un plan de su gobierno para colonizar la frontera con Brasil.

"Amo a Chile como si fuera mi país. Aquí trabajé duro y formé mi familia", dice en su casa de población Nueva Esperanza que comparte con su mujer chilena.

Como los miles de bolivianos que se emplean como jornaleros en Lluta y Azapa y que deciden radicarse en Chile, la vida de Poma ha sido de esfuerzo. El trabajo por lo general es en el sistema de medianía (el parcelero cede terreno al peón a cambio de su mano de obra y se reparten los ingresos) y no hay mucha oportunidad de formalizar un contrato.

Sobre todo durante la inmigración "golondrina" -el masivo ingreso al país de bolivianos por el período de cosecha-, el trato es por día o temporada sin pago de imposiciones.

Pese a las dificultades iniciales, Poma supo salir adelante y hoy hace respetar sus derechos laborales. Pero una frustración lo insta a acogerse al programa repatriador: la imposibilidad legal y económica de comprar su propia tierra en Chile.

La oferta de Bolivia

El 22 de noviembre, el director del Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA), Franz Chávez, viajó a Arica para sostener una cita masiva con inmigrantes. Allí ofreció dos mil 500 hectáreas para las 50 familias que quisieran trasladarse a la zona oriental de Santa Cruz de la Sierra (San Ignacio de Velasco y Roboré). El gobierno, además, proporcionaría maquinaria, alimentación y salud por seis meses.

La cónsul en Arica, Magaly Zegarra, explicó que la selección ya partió para concretar la repatriación antes de junio de 2010.

Sin embargo, para algunos bolivianos que han forjado su vida en Arica, la iniciativa no es atractiva. María Huanca (temporera, de 36 años, con tres hijos) es de La Paz pero la mitad de su vida ha permanecido en Chile, por lo que está tramitando su residencia definitiva para optar luego por la nacionalidad. "Siento a Chile como mi país y quiero morir aquí, por más que me den tierras o lo que sea en Bolivia. Allá no me acostumbro. Puedo ir de visita solamente", enfatizó.

5.226


bolivianos viven oficialmente en Arica, pero esta cifra podría alcanzar el doble si se considera el alto número de ellos que permanecen de forma ilegal.

598


peruanos y bolivianos fueron denunciados este año por infringir la Ley de Extranjería. A 210 de ellos, finalmente, se les expulsó del país.

1.200


visas sujetas a contrato y 401 autorizaciones para trabajar ha otorgado la gobernación provincial, en su mayoría a extranjeros de los países vecinos.


Una migración de larga data

La migración desde el altiplano a los valles chilenos se remonta a tiempos prehispánicos. Pero la construcción del canal Lauca en 1960, que aumentó los cultivos de Azapa de 700 a tres mil hectáreas, estimuló la presencia masiva de bolivianos que bajaron a emplearse como jornaleros, destaca el antropólogo de la Universidad de Tarapacá, Héctor González. "Ella se suma a la migración de urbe a urbe, en la que comerciantes citadinos bolivianos se radican en Arica e Iquique para ejercer su actividad", agrega el especialista.

El carácter ilegal de muchos de estos trabajadores crea un mercado laboral con presencia mayoritariamente extranjera que deprecia salarios y condiciones laborales, dice González. Señala que mientras los bolivianos con el tiempo regularizan su situación migratoria, los peones peruanos que entran como turistas a Arica están aumentando su presencia entre los trabajadores que se desempeñan de forma ilegal.

Via El Mercurio

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