jueves, agosto 23, 2007

por Karen Heredia

Un señor de edad avanzada, cabellos gruesos y mirada sombría, ante mí decía:

Yo no importo en esta historia, soy solamente un espectador, en cambio Ella, la de la sonrisa de oreja a oreja, muecas por cada sentimiento, ojos rasgados y cejas naturalmente delineadas. Ella de estatura media, porte elegante y simple a la vez, Ella es la que importa en esta historia, es dueña y provocadora de mis arrebatos, aquellos que con naturalidad salen de lo mas profundo de mi ser.

Camino hacia su avenida. De lejos observo como esta Ella con la cara pintada de blanco, su traje negro y muecas hacen que el sol se distraiga, mientras éste decide si es hora de volver a dormir.

Hoy día la noto un poco sobresaltada, algo le molesta, como no saberlo si es ya parte mía.

¡Demonios!, debo agarrar mis cosas, y largarme - dije mientras que en mi cabeza contaba mis pertenencias. Con una enorme sonrisa le agradecí al ingles que me dio una moneda, me despedí y salí corriendo

La seguí, Ella se retiró a su casa, caminó por veinte minutos a paso apresurado, mientras miraba a ratos el paisaje pintoresco y marcado de nuestra tierra. Su hogar es bien pequeño, una cama, un cuadro, un libro enorme con cubierta de cuero viejo, con un tercio de él escrito por una lapicera azul. Nunca lo he leído, me intriga, pero no he podido acercarme a ese libro lo suficiente como para leerlo. Vi que entro a su casa.

Llegue, como siempre todo en su lugar, me contemple en el espejo, observe mi cara, practique un poco mis muecas, pude reírme un poco de mi misma, y así supe que tenía futuro. Me desmaquillé y tire todo lo que había en la cama al piso y me recosté; la gata cayo parada como siempre. Me reclamo la osadía que yo había cometido al haberla despertado. Pero pensé, y telepáticamente le dije: “o eres tu o soy yo”. No me respondió y volvió a la cama, esta vez dejando espacio para que me recueste a mis anchas. Suspire por alivio y tristeza al mismo tiempo, cerré los ojos y dormí.

Que bella que es, le he sacado muchas fotografías, su alma es casi mía. Esa gata negra a su lado, que envidia. Duerme pequeña, duerme.

Hable con María en la mañana, la convencí, y le di las gracias. Nos metimos al baño, luego Maria salio del mismo. Me asegure que todo estuviera saliendo como lo había planeado. Sonreí al espejo y este me respondió de igual manera y me fui a mi casa

Vamos gata, métete en la caja, por favor, tenemos poco tiempo – le dije a mi gata mientras esta levantaba las patas con las garras afiladas, podría decirse que la gata me hablaba a ratos y me criticaba siempre.

¡Hasta que por fin gata maldita! – exclame, y luego se escucho un “grrrs”-

La caja, con la gata adentro, la lapicera en mi cartera, el cuadro junto a la caja y yo con el libro en mi regazo, partí en busca de un nuevo hogar.

Llegue a un sitio provisional, lleno de extranjeros asociables. No desempaque y me recosté, la gata salió a dar un paseo de reconocimiento mientras yo me quede preocupada mirando las paredes.

Ella como siempre en su trabajo, con la cara pintada y sus muecas, pero la notaba nerviosa, la seguí a casa, no habían sus cosas, algo estaba mal. Se desmaquillo, y mi mente no comprendía como no me había dado cuenta antes y enfurecí, no eran sus ojos, no era ella…

Saque el periódico, tachaba y tachaba, nada me convencía, visite muchos sitios, no eran para mi y peor para mi gata.

Esa noche saque la botella de vino tinto y me serví una copa; con la gata al lado, me tire a la cama y abrí mi libro, la cubierta es genial, es un libro grande de cuero viejo, con un símbolo que hice especialmente para el. Estire mi mano por debajo de la cama buscando mi cartera, hasta que la encontré y saque la lapicera azul que tanto me gusta.

Querido libro, vuelvo a tocarte, discúlpame por favor, pero necesito deformarte y aquietar mis penas y juntar mis alegrías en ti

Intentar

Es tarde para regresar, tarde para volver,
Magullas mi ser, ya no puedo pensar,
Veo sombras ocultas detrás de cada árbol,
Veo tus manos en mis sueños tocándolos
Magullas mi ser, y es tarde para regresar,
No vuelvas más, fantasma, quiero volver a confiar”



La gata negra, pensaba que mientras Ella tomaba su vino y escribía, su deber era darle calor. Se arrimo mas a Ella, sintiendo el olor del vino penetrar sus fosas nasales.

Ambas luego durmieron, seguras y en mutua complicidad soñaron cosas extraordinarias, Ella con su paraíso lleno de flores verdes y tallos rojos y la gata con su montaña de atún fresco y ocho gatos a su disposición.

Busqué por varios días y no la encontré. Cada hora a mi cabeza venían ideas de lo que esta vez le haría si la encontrara. Maria era aquella mujer que ayudo a que Ella escapara ese día. Admito mi delito, no me arrepiento, era justo y necesario, no hay quien me pueda reclamar. Maria me había engañado y pagado por tal hecho, pero Ella no aparecía, no la hallaba y ya sentía la fuerte necesidad de verla.

¡Estas loca! -Le dije a la gata negra-

No haré ninguna montaña de atún, por más tierna mirada que me regales. –Continué -

Necesito un nuevo sitio donde hospedarnos.

¿Segura que te quieres quedar aquí?, pues, te cuento que me han dicho que ellos, los extranjeros que te caen bien, comen gatos – le dije a la gata, con voz dulce y esperando su reacción de asombro y escándalo –

Son las cuatro de la tarde, miro a mi alrededor y decidí primero visitar las casas “hogares” del sur de la ciudad. Subí al bus y me senté en la última fila, del viejo bus rojo de dos pisos. Nostalgia y tristeza invadían mi corazón en cada parada del bus, pues había colegas míos, haciendo de las suyas, y distrayendo al sol para que este no se acostara temprano...

Disculpa, ¿Puedes poner a tu gata en tu falda?- me dijo –

Claro, lo siento, pero es que a la gata no le gusta que la carguen-
le dije mientras sonreía -

Debo aclarar que me costo despegar a la gata del asiento.

Que caprichosa que es, ¿no?- continuo diciendome, mientras me apresuraba a sacar a la gata que estaba pegada al asiento por sus garras...

¿Caprichosa me dijo?, ¡cuatro ojos! – maullé pero no me entendía, así que maullé, estire mi pata para arañarlo pero no pude tocarlo, hasta que vi que Ella ya estaba cansada de tanto escándalo –
No se que tanto hablaban, sonreían y se miraban. Me daba nauseas todo el ajetreo. Pero bueno, así es cuando se es humano: nauseabundo.

Baje del autobús, contenta por haber conocido a alguien, le explique cual era el motivo por el cual viajaba al sur de la ciudad, el me recomendó un lugar, dijo que era bueno, me dio la dirección en un papel. Después lo visitare.

Si, si, si claro, pronto lo visitaras – telepáticamente le dije a Ella-

A lo cual respondió con un puntapié ligero sobre mis patas. Que graciosa que es ¿no?, debería arañarla mas seguido...

Regrese a casa, recibí una noticia, Maria había desaparecido, rogué al payaso no decir donde me encontraba, ya había dejado todo atrás, no quería volver a hacerlo.

He hablado con mucha gente, y nadie me dice donde estas. Maldigo el momento en el cual te fuiste de mi lado, que me privaste de tu presencia. Maldigo a esa gata que esta junto a ti. No bebo, no quiero volver a beber.

Siento nostalgia de sus locos cabellos, su cabello ondulado, sus ojos rasgados. Esos cabellos se veían hermosos en contraste de su cara blanca pintada. Esa boca, esos gestos. No quiero beber, no puedo volver a caer, la necesito..

El ron se acabo y aquel anciano durmió embriagado..


(continuara...)

1 comentarios:

Juaneitor dijo...

Estoy leyendo y releyendo el cuento una y otra vez, me entretiene el enterarme de los pensamientos de la gata, ojalá y así pudiera comunicarme con mi gata

Espero la continuación.

Saludos!