domingo, julio 15, 2007

Taquile, donde habitan los hijos del sol - Bolivia Por Alain Unzu

Taquile, donde habitan los hijos del sol - Bolivia

La isla de Taquile está ubicada en el lado peruano del lago Titicaca. Este mágico y misterioso lago enclavado en las alturas andinas de Perú y Bolivia es un lugar sagrado para la cultura incaica. La mitología quechua radica en sus aguas el nacimiento del primer inca, Manco Capac, y la primera inca, Mama Occllo, hijos de Inti, el Dios Sol, quienes emergieron del fondo de las azules aguas para erigir el imperio más poderoso del cono sur.

A 35km de Puno, la ciudad portuaria más importante de la orilla peruana, los apenas once kilómetros cuadrados que abarca la isla emergen orgullosos de las diáfanas aguas azul zafiro. Repartidos en 365 familias, unas 2.000 personas habitan la isla. Este paraíso aislado del mundo, varado en la historia y donde el tiempo parece no haber pasado, o al menos haberlo hecho de una manera lenta y sosegada, está habitado por una comunidad de origen quechua. Poblada por gentes apacibles, sencillas y hospitalarias, han conservado un modo de vida tradicional, preservando sus costumbres y formas de organización y gobierno desde los tiempos de los incas, que habitaron toda la cordillera andina desde el Ecuador hasta el norte de Chile y Argentina Un rústico muelle de piedra en la base de una colina nos da la bienvenida a la isla.

Los 570 escalones irregulares que ascienden serpenteantes por una inclinada ladera, unen el puerto con la plaza principal de la comunidad. Ascender estos escalones a 4.000 metros de altitud fatiga considerablemente y la sensación de asfixia se incrementa al superar cada uno de ellos. Al caminar por la isla se percibe un paisaje intervenido de manera diligente e ingeniosa por la mano del hombre. Las laderas más o menos empinadas, fueron modeladas durante el periodo incaico para el cultivo de una forma armónica y respetuosa con la naturaleza, creando un puzle de andenes o terrazas, donde las parcelas o chacras familiares se dividen mediante pequeños muretes de piedras superpuestas, que en largas hileras guían los caminos que cruzan la isla de este a oeste. La vegetación silvestre compuesta de gramíneas de altura como el Ichu y de arbustos de pequeño porte como el Qolli o la Muña, se ha visto enriquecida por eucaliptos y cipreses, introducidos en los años 50 y adaptados a la altura y al clima extremo, que generan la escasa sombra de este paisaje de tonalidades rojizas y ocres que a finales del invierno estalla en arco iris de vegetación. La tranquilidad, el sosiego, la paz y el silencio son totales en un lugar donde no existen carreteras, vehículos a motor o tendidos eléctricos. Ni siquiera hay perros. “ ¿ Para qué? Aquí no hay ladrones, ” asegura un risueño lugareño mientras teje afanosamente.

Trabajo Colectivo

Integrantes de una sociedad cimentada en las Leyes Antiguas, se gobiernan por unas autoridades tradicionales elegidas anualmente en votación a mano alzada donde todas las personas pertenecientes a la comunidad mayores de 18 años tienen derecho a voto. Estas Autoridades se reúnen todos los domingos y se encargan de organizar los trabajos de la semana, gestionar el turismo que visita la isla o sancionar actitudes o actividades que no respeten las leyes heredadas de sus ancestros. Muy respetados por toda la comunidad, no perciben salario alguno, y son propuestos candidatos en base al trabajo realizado para la comunidad, por su inteligencia, u otros motivos similares.

La mita era una especie de servicio que en la época incaica debían rendir los hombres a su pueblo durante un periodo de tiempo para la construcción de grandes obras como caminos, sistemas de irrigación, templos, etc. En Taquile se mantiene este trabajo comunitario y es el modo en el que construyen edificios para la comunidad, arreglan los caminos, atracaderos, andenes de cultivo etc. Además, mediante este trabajo colectivo en auzolan, gestionan el restaurante y la tienda de artesanía que la comunidad tiene en la plaza central y llevan a cabo las ofrendas y festejos para honrar a la Pachamama o Madre Tierra. Siguiendo un calendario agrícola propio que las mujeres tejen en forma de faja al marido durante el primer año de matrimonio, practican una agricultura tradicional de subsistencia que tiene un gran respeto por el medio a la hora de cultivar, empleando la rotación de cultivos y dejando las chacras cada dos años en barbecho para que descanse la tierra. Es complicado trabajar la tierra a tanta altitud y en un clima tan extremo, de grandes oscilaciones térmicas, de donde solo pueden obtener una única cosecha anual. No emplean abonos químicos, utilizando exclusivamente los abonos orgánicos, cada vez más difíciles de encontrar ya que la ganadería es escasa, aunque de vital importancia, al emplearse como yunta para arar las chacras. Se cultiva principalmente la papa, cebada, el choclo o maíz pequeño, las habas, el olluco, la oca (tubérculo parecido a la papa), el trigo y la quinua. La pesca es muy importante en la alimentación, mayormente vegetariana, y está regulada por las autoridades locales con la salida controlada de barcas, marcando unos cupos diarios de pesca para no agotar el lago y evitar desperdiciar productos alimenticios.

Los taquileños emplean el trueque en sus compras diarias en el pueblo. Según como haya sido la cosecha en el año o la cantidad de pesca existente, los productos suben y bajan en su cotización.

Endogamia

Una sociedad tan aislada geográficamente, en una zona de mayoría aymará, se debe de dotar de unas severas leyes para asegurar su supervivencia. Las Leyes Antiguas prohíben a los habitantes de la isla casarse con gentes de fuera de ella, provocando en las últimas generaciones serios problemas de pérdida de calidad genética debido a la endogamia. Sorprende leer cómo se repiten continuamente entre los comuneros y comuneras apellidos como Huatta, Quispe, Flores, resultado de generaciones de aislamiento social. Actualmente y vistos los problemas existentes, se ha relajado esta norma, pero únicamente pueden casarse con quechuas de la vecina isla de Amantaní o de la cercana península de Capachica.

El matrimonio es para toda la vida, no existe el divorcio, pero para evitar “equívocos” en la elección de cónyuge, practican la convivencia o sirwinakui. De esta manera, la pareja convive el tiempo necesario para conocerse completamente y si ambos lo desean contraer matrimonio de por vida. Durante ese periodo, viven juntos, mantienen relaciones sexuales, trabajan la tierra y realizan las labores del hogar en común, mientras se van “examinando” para conocer de este modo si ésta es la persona con la que desean compartir el resto de sus días. El sirwinakui no tiene limitación y puede durar hasta 10 años o más, siempre que no haya nacido ninguna wawa, motivo este por el que sería obligatorio el matrimonio. Las bodas se celebran con una gran fiesta que puede durar hasta una semana, donde las familias de los contrayentes invitan a comer y tomar a amigos y familia. Disfrutan de bailes y música, y no faltan la hoja de coca y el trago de alcohol puro. Esta celebración tiene un alto costo económico, así que los años en que la Pachamama da buenas cosechas son tiempos de muchas bodas, mientras que cuando la Pachamama cicatea no existen celebraciones.

Tradición

Celosos de sus costumbres, su forma de vida apenas ha variado en los últimos siglos. Se relacionan en quechua, la lengua de los incas; practican un sincretismo religioso donde domina su amor por la Madre Tierra, su venerada Pachamama, y se organizan en base a las Leyes Antiguas heredadas de sus antepasados.

Visten habitualmente la indumentaria tradicional, donde destaca entre los hombres el chullo o gorro de apretada lana que ellos mismos tejen y que según la forma, la combinación de los colores o el tamaño de la borla nos informa de su estado civil. Los chullos de color blanco y rojo corresponden a hombres solteros y los de color únicamente rojo indican a los hombres casados. Las Autoridades actuales o salientes se calzan un chullo con orejeras y de multitud de colores donde destacan los tonos anaranjados. Los hombres casados llevan una chuspa o bolsa de tela tejida con los colores del arco iris atada a la cintura donde guardan las hojas de coca que les ayuda a trabajar en tan severas condiciones climáticas y de altura. Es curioso observar el ritual que a modo de saludo realizan los hombres de Taquile. Al toparse y sin mediar palabra se intercambian un puñado de hojas de coca de chuspa a chuspa y a continuación pueden comenzar a dialogar tras compartir sus hojas. Las mujeres visten una capa o chuko rectangular, de gran tamaño y color negro, con una borla de vivos colores en cada uno de sus cuatro ángulos. Las mujeres solteras portan borlas más grandes. Emplean esta prenda para protegerse del sol, del frío y de las miradas indiscretas.

Sorprende observar a los hombres tejiendo con manos hábiles chullos de intrincados diseños mientras caminan hacia la chacra o platican animosamente al sol en la plaza de la comunidad, mientras las mujeres hilan virtuosamente la lana, mareando de forma vertiginosa un trompo de madera donde con insólita facilidad recogen el hilo de lana empleado para realizar creaciones de tan singular belleza, conocidas en todo el Perú. Además de la habilidad en el arte textil, la singularidad de sus valores y costumbres sociales, son destacables la variedad y riqueza de sus danzas tradicionales. Con un profuso calendario festivo donde se realizan ritos y ofrendas, y se agradece lo recibido, la música y las danzas son el eje de las celebraciones. Todas las familias participan en los diferentes bailes y todos toman trago y acullican hojas de coca, disfrutando en comunidad de las celebraciones que desde tiempos pasados realizan en el lugar. Uno de los días grandes es el 26 de julio, donde se bailan todas las danzas en la plaza, primero presentándolas una a una, para acabar bailando durante horas todos a la vez en la abarrotada plaza, en una batalla musical de quenas, zampuños y tambores, con hombres y mujeres girando y bailando sin parar, y torrentes de alcohol potable de 96� y hojas de coca.

Las leyes con las que se gobierna la comunidad son tajantes en lo referente a la relación que debe existir entre el hombre y la mujer en la sociedad: La mujer siempre debe caminar detrás del hombre y ninguno de los dos puede mostrar afecto o cariño en público. La mujer no puede ser Autoridad Tradicional, aunque puede votar en su elección, pero puede ocupar cargos públicos o dirigir las actividades culturales u obras sociales que se realicen en la isla. Estas normas inducen a pensar que la situación de la mujer es inferior a la del hombre, pero en la realidad la mujer y el hombre trabajan por igual en todos los aspectos, exceptuando su presencia entre las Autoridades Tradicionales. El trabajo de la tierra lo realizan ambos codo con codo, reservándose para la mujer las labores menos duras en el aspecto físico. La educación de los hijos e hijas se realiza en común, así como las labores del hogar. Las decisiones las expresa el hombre pero se realizan de forma consensual ya que el asesoramiento y consejo de la mujer es definitivo en la toma de decisiones. En la escuela los niños estudian las materias comunes a los escolares de todo el Perú, pero además desde los cinco años aprenden a tejer, hilar, el manejo de aperos... materias que son las que van a desarrollar a lo largo de su vida.

Somos y seremos

Recibidos con temor en un principio, los primeros turistas pisaron la isla a finales de los 70. Desde Puno agencias privadas comenzaron a organizar viajes a Taquile y a enriquecerse a costa de vender la singularidad de los taquileños. Las Autoridades entendieron que era mejor gestionar ellos mismos el turismo que ocupaba cada vez en mayor número la isla, que limitarse únicamente a recibir la propina de las agencias puneñas. Crearon una cooperativa de transporte para unir Puno con la isla y organizaron una red de alojamientos entre todas las familias dispuestas a acoger turistas en sus hogares. Así lograron repartir la riqueza generada entre todos de modo justo y equitativo.

Indudablemente, el turismo además de beneficios económicos originó una serie de perjuicios que la comunidad aún trata de arreglar. Problemas de índole ecológico como la degradación ambiental, de carácter cultural como la falta de sensibilización entre los jóvenes para mantener su cultura y costumbres o problemas de naturaleza social, como es la falta de interés en la educación de los menores, problemas de mendicidad o conflictos entre familias por cuestiones relacionadas con grupos de turistas gestionados por guías puneños, preocupan seriamente a la comunidad y a sus autoridades. A pesar de los �peligros� que comporta el turismo para el futuro de la comunidad, el pueblo de Taquile se muestra tranquilo y confiado en su porvenir. Orgullosos de los valores y costumbres sociales que han conservado durante siglos, saben que la solidaridad, el compromiso, la participación, la amistad, el respeto, el orgullo, la reciprocidad, son valores en alza entre ellos.

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Estas dos notas son para enriquecer mi blog con lecturas sobre los matices que en nuestro país tenemos.

Habiendo conocido urubicha, me queda mucho por viajar y conocer. sin lugar a dudas lo haré, porque nuestra cultura, con sus matices, necesita ser expuesta al mundo, tan bello lugar, tan linda gente y tan poca informacion en internet.

Bolivia es un pais de matices, de montañas y llanos, de selva y nieve. Bolivia es un pais que te muestra diferentes culturas y paisajes.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Debido a un error en la publicación www.threemonkeysonline.com en ella figura Taquile como perteneciente a Bolivia, siendo una isla radicada en el lado Peruano del inmenso lago Titikaka. El resto de datos del texto son correctos y son una muestra de la diversidad de los diferentes pueblos de la tierra andina, unidos por su amor y respeto a Pachamama y Pachatata.