jueves, marzo 23, 2006

CAPITULO II

Ella como siempre en su trabajo, con la cara pintada y sus muecas, pero la notaba nerviosa, la seguí a casa, no habían sus cosas, algo estaba mal. Se desmaquillo, y mi mente no comprendía como no me había dado cuenta antes y enfurecí, no eran sus ojos, no era ella…

Saque el periódico, tachaba y tachaba, nada me convencía, visite muchos sitios, no eran para mi y peor para mi gata.

Esa noche saque la botella de vino tinto y me serví una copa; con la gata al lado, me tire a la cama y abrí mi libro, la cubierta es genial, es un libro grande de cuero viejo, con un símbolo que hice especialmente para el. Estire mi mano por debajo de la cama buscando mi cartera, hasta que la encontré y saque la lapicera azul que tanto me gusta.

Querido libro, vuelvo a tocarte, discúlpame por favor, pero necesito deformarte y aquietar mis penas y juntar mis alegrías en ti

Intentar

Es tarde para regresar, tarde para volver,
Magullas mi ser, ya no puedo pensar,
Veo sombras ocultas detrás de cada árbol,
Veo tus manos en mis sueños tocándolos
Magullas mi ser, y es tarde para regresar,
No vuelvas más, fantasma, quiero volver a confiar


La gata negra, pensaba que mientras Ella tomaba su vino y escribía, su deber era darle calor. Se arrimo mas a Ella, sintiendo el olor del vino penetrar sus fosas nasales.

Ambas luego durmieron, seguras y en mutua complicidad soñaron cosas extraordinarias, Ella con su paraíso lleno de flores verdes y tallos rojos y la gata con su montaña de atún fresco y ocho gatos a su disposición.

Busqué por varios días y no la encontré. Cada hora a mi cabeza venían ideas de lo que esta vez le haría si la encontrara. Maria era aquella mujer que ayudo a que Ella escapara ese día. Admito mi delito, no me arrepiento, era justo y necesario, no hay quien me pueda reclamar. Maria me había engañado y pagado por tal hecho, pero Ella no aparecía, no la hallaba y ya sentía la fuerte necesidad de verla.

¡Estas loca! -Le dije a la gata negra-

No haré ninguna montaña de atún, por más tierna mirada que me regales. –Continué -

Necesito un nuevo sitio donde hospedarnos.

¿Segura que te quieres quedar aquí?, pues, te cuento que me han dicho que ellos, los extranjeros que te caen bien, comen gatos – le dije a la gata, con voz dulce y esperando su reacción de asombro y escándalo –

Son las cuatro de la tarde, miro a mi alrededor y decidí primero visitar las casas “hogares” del sur de la ciudad. Subí al bus y me senté en la última fila, del viejo bus rojo de dos pisos. Nostalgia y tristeza invadían mi corazón en cada parada del bus, pues había colegas míos, haciendo de las suyas, y distrayendo al sol para que este no se acostara temprano...

Disculpa, ¿Puedes poner a tu gata en tu falda?- Le dije –

Claro, lo siento, pero es que a la gata no le gusta que la carguen- le dije mientras

sonreía -

Debo aclarar que me costo despegar a la gata del asiento.

Que caprichosa que es, ¿no?- continué, mientras Ella se apresuraba a sacar a la gata, que estaba pegada, fija en el asiento por sus garras...

¿Caprichosa me dijo?, ¡cuatro ojos! – maullé pero no me entendía, así que maullé, estire mi pata para arañarlo pero no pude tocarlo, hasta que vi que Ella ya estaba cansada de tanto escándalo –

No se que tanto hablaban, sonreían y se miraban. Me daba nauseas todo el ajetreo. Pero bueno, así es cuando se es humano: nauseabundo.

Baje del autobús, contenta por haber conocido a alguien, le explique cual era el motivo por el cual viajaba al sur de la ciudad, el me recomendó un lugar, dijo que era bueno, me dio la dirección en un papel. Después lo visitare.

Si, si, si claro, pronto lo visitaras – telepáticamente le dije a Ella-

A lo cual respondió con un puntapié ligero sobre mis patas. Que graciosa que es ¿no?, debería arañarla mas seguido...

Regrese a casa, recibí una noticia, Maria había desaparecido, rogué al payaso no decir donde me encontraba, ya había dejado todo atrás, no quería volver a hacerlo.

He hablado con mucha gente, y nadie me dice donde esta. Maldigo el momento en el cual te fuiste de mi lado, que me privaste de tu presencia. Maldigo a esa gata que esta junto a ti. No bebo, no quiero volver a beber.

Siento nostalgia de sus locos cabellos, su cabello ondulado, sus ojos rasgados. Esos cabellos se veían hermosos en contraste de su cara blanca pintada. Esa boca, esos gestos. No quiero beber, no puedo volver a caer, la necesito..

El ron se acabo y aquel anciano durmió embriagado..

(continuara...)

9 comentarios:

Lady Blue dijo...

¿Cuándo continúa?
Me entretuve leyendo :D
Un abrazo a la distancia Joup.
Nos leemos!!

PatricioT dijo...

¿si! cuando continuuua?
quiero leerlo de nuevo y completo, espero que publiques mas, hasta pronto

Ito dijo...

q viaje...

besos

Abril_de_otoño dijo...

que lindo, y muy contagiante,
me quede pegada leyendo,

espero continue rapido....

besitos y esop..


abril.

Abril_de_otoño dijo...

que lindo, y muy contagiante,
me quede pegada leyendo,

espero continue rapido....

besitos y esop..


abril.

peyote dijo...

Anoche paseaba la memoria, el trabajo es uan tragedia, no queda de otra al reverso de este pensamiento mi gatro negro robo el sueño adivino... al desepertar escribr er adificil asi uno sabe y muere, renbacer y perderse; un abrazo del peyo

Ce dijo...

Joup:

Recién entré y pude ver tu gran sonrisa, sólo para agradecerte, ya habrá oportunidad de buscar, junto contigo, esa presencia que no termina de irse.

Muchas Gracias.

Por todo.

Peter dijo...

¡Bien! ¡Hay tildes! No siempre, pero algo es algo.

Christian dijo...

Tu y tu vida
Están muy intensas
Continua que espero lo que viene..