jueves, marzo 23, 2006

Capitulo I

Un Nuevo Comienzo

por Karen Heredia

Un señor de edad avanzada, cabellos gruesos y mirada sombría, ante mi decía:

Yo no importo en esta historia, soy solamente un espectador, en cambio Ella, la de la sonrisa de oreja a oreja, muecas por cada sentimiento, ojos rasgados y cejas naturalmente delineadas. Ella de estatura media, porte elegante y simple a la vez, Ella es la que importa en esta historia, es dueña y provocadora de mis arrebatos, aquellos que con naturalidad salen de lo mas profundo de mi ser.

Camino hacia su avenida. De lejos observo como esta Ella con la cara pintada de blanco, su traje negro y muecas hacen que el sol se distraiga, mientras éste decide si es hora de volver a dormir.

Hoy día la noto un poco sobresaltada, algo le molesta, como no saberlo si es ya parte mía.

¡Demonios!, debo agarrar mis cosas, y largarme - dije mientras que en mi cabeza contaba mis pertenencias. Con una enorme sonrisa le agradecí al ingles que me dio una moneda, me despedí y salí corriendo

¿Que paso luego?

La seguí, Ella se retiró a su casa, caminó por veinte minutos a paso apresurado, mientras miraba a ratos el paisaje pintoresco y marcado de nuestra tierra. Su hogar es bien pequeño, una cama, un cuadro, un libro enorme con cubierta de cuero viejo, con un tercio de él escrito por una lapicera azul. Nunca lo he leído, me intriga, pero no he podido acercarme a ese libro lo suficiente como para leerlo. Vi que entro a su casa.

Llegue, como siempre todo en su lugar, me contemple en el espejo, observe mi cara, practique un poco mis muecas, pude reírme un poco de mi misma, y así supe que tenía futuro. Me desmaquillé y tire todo lo que había en la cama al piso y me recosté; la gata cayo parada como siempre. Me reclamo la osadía que yo había cometido al haberla despertado. Pero pensé, y telepáticamente le dije: “o eres tu o soy yo”. No me respondió y volvió a la cama, esta vez dejando espacio para que me recueste a mis anchas. Suspire por alivio y tristeza al mismo tiempo, cerré los ojos y dormí.

Que bella que es, le he sacado muchas fotografías, su alma es casi mía. Esa gata negra a su lado, que envidia. Duerme pequeña, duerme.

Hable con María en la mañana, la convencí, y le di las gracias. Nos metimos al baño, luego Maria salio del mismo. Me asegure que todo estuviera saliendo como lo había planeado. Sonreí al espejo y este me respondió de igual manera y me fui a mi casa

Vamos gata, métete en la caja, por favor, tenemos poco tiempo – le dije a mi gata mientras esta levantaba las patas con las garras afiladas, podría decirse que la gata me hablaba a ratos y me criticaba siempre.

¡Hasta que por fin gata maldita! – exclame, y luego se escucho un “grrrs”-

La caja, con la gata adentro, la lapicera en mi cartera, el cuadro junto a la caja y yo con el libro en mi regazo, partí en busca de un nuevo hogar.

Llegue a un sitio provisional, lleno de extranjeros asociables. No desempaque y me recosté, la gata salió a dar un paseo de reconocimiento mientras yo me quede preocupada mirando las paredes.



(continuara...)


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